lunes, 16 de julio de 2012
Iluciones... Perdidas...
Ismael Quilez vio su barrio desaparecer dos veces bajo el agua y estuvo cara a cara con la muerte. Se sobrepuso. Llegó a Primera, vistió la camiseta de la Selección Nacional, jugó con Messi y fue dirigido por Maradona. Ahora está a punto de quedar libre, pero está lejos de sentir el agua al cuello...
Ismael Quilez, jugador e hincha de Colón de Santa Fe, un club que nunca salió campeón, pero que está inundado de pasión. Quilez fue, es y será un inundado. Lo lleva en su piel, en su memoria, en sus recuerdos, en la infancia de ese barrio de gente humilde, el barrio Chalet, perteneciente al cordón suroeste de la ciudad. A la orilla del Río Salado, en la rivera de los sueños de los pobres, se encuentra la historia de un pibe que aprendió a desbordar jugadores y tirar centros entre bolsas con arena, canoas y agua. En el 2003, con 13 años, Ismael Quilez fue uno de los miles de santafesinos afectados por la inundación, la monstruosa crecida del Río Salado que lo dejó sin nada.
Y en una genuina primera persona con sensaciones a flor de piel, Ismael cuenta su historia...
El 28 de Abril fue el último día que vi mi casa. El 29 me fui a practicar al club en el horario de la siesta y cuando volví ya no estaba, ya no se veía. Mi barrio se inundó primero y desagotó último. Fueron 21 días de angustia, desesperación y pérdida. Me costó volver. Cuando se hablaba de que se venía el agua, mi viejo fue a poner bolsas de arena al terraplén para parar lo que no se podía. La gente ya se iba de las casas y algunos subían al techo lo poco que tenían para salvarlo.Lo único que agarré fueron los botines y los documentos y me fui con mi papá a lo de mi abuela. Salí con el agua en la rodilla. Mi barrió desapareció. Lo más triste de la inundación fue ver la cancha de Colón. Todo destruido, muerto. El gimnasio, hundido. Los autos y el portón de entrada, flotando. Cuando bajó el agua, tuve que buscar alimentos para mi familia y estuve dos días adentro de un camión esperando para que nos den de comer en los refugios. Cuando busqué la ropa, sólo me traje camisetas de fútbol que no me sirvieron de mucho. Era pibe.
Me acuerdo toda la vida de ese momento. Agradezco no estar muerto, no quería volver a mi casa inmediatamente. No podía, ni pretendía, ver la realidad. Entramos con mi papá al barrio en la canoa de un vecino. Nos metimos a la casa con el agua al pecho y nos apuntaron los militares pensando que queríamos robar porque había Toque de Queda y Estado de Sitio. Cuando bajó el agua fue lo peor de mi vida: todo tirado, sucio, roto, todos mis recuerdos desechos, lo que más me dolió perder fueron los trofeos de la escuelita de fútbol de Colón. Me quería matar.
Pensar que sólo escuchaba gritos desesperados pidiendo comida y auxilio,los gritos de la gente en la cancha no son nada.
En el 2007 viví el otro desborde,el del Río Paraná. Llovía mucho y se inundó mi casa de a poco, un metro y medio de agua convivía con nosotros mientras juntábamos con mi hermana la ropa que pudimos. Corrí en patas y en cuero por la ruta hasta la sede del club para salvar algo, ahí aprendí a ser el cuatro de Colón: ¿Cómo no voy a desbordar al volante y tirar el centro después de eso?
Veo el agua inundarme como si fuera ayer. La inundación me fortaleció para jugar a la pelota. Esto fue en mayo y en junio subí a Primera. Hoy estoy casi sin jugar, a punto de quedar libre y sin un futuro claro. Me inundé, jugué con Maradona en Santa Fe y con Messi en la selección del Checho Batista. Cosas que nunca soñé.
Si quedo libre me quiero matar, sería como inundarme de nuevo. Lo que no te mata, te fortalece. La inundación me dolió en el alma, pero fue lo que me dio fuerzas para seguir adelante. Después de eso, a la hora de ir a jugar a la cancha de Boca, dije: “Me inundé, pasé miles de cosas, por ir a jugar un partido no va a pasar nada”.
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